Plácido Domingo en La Habana

placidoA los ocho años ocurrió su primer encantamiento con Cuba. Solo dos días pudo correr por los pasillos del teatro Martí, pero bastaron para que esta Isla empezara a abrir una brecha en su corazón. Entonces, el pequeño Plácido Domingo Jr. vino acompañando a su madre, la afamada cantante española Josefa «Pepita» Embil. Y fue en primera instancia esa inolvidable artista, que logró con sus zarzuelas que esta tierra la adorara, quien continuó cultivando un amor que este tenor, considerado una leyenda viva, alimentó más y más por medio de esas canciones nuestras que puso también en su altar.

Grande como ha sido en todas estas décadas, con una agenda en la que no cabía ni un compromiso más, Plácido Domingo no pudo, con pesar, aceptar la invitación que le hiciera llegar hace 28 años la prima ballerina assoluta a través del destacado barítono, promotor y director teatral, fundador de Ópera de la Calle, Ulises Aquino, según confesó a los periodistas que fueron a su encuentro al Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

El intercambio en el que Plácido aseguró que al fin se había materializado un sueño acariciado por muchos años, se efectuó este jueves justo en la institución donde este sábado ofrecerá un concierto único, acompañado por la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, también presente, y por la Orquesta Sinfónica Nacional.

Mi emoción es indescriptible, dijo. Siempre he tenido esa gran ilusión y los deseos inmensos de volver. Pero eso no quita que, al mismo tiempo, sienta sobre mí una responsabilidad enorme. Lo es siempre para un artista que actúa por vez primera para un público. ¡Pero si ese público es cubano…! Mis padres me enseñaron a amarlo, a respetarlo… Hablaban con tanta pasión sobre este país, porque aquí fueron muy queridos…, contó el inigualable intérprete, a quien la Radio Cubana sorprendió obsequiándole un disco de alto valor patrimonial que recoge la voz de Pepita Embil en muchas de las piezas, digitalizadas y restauradas, con las que consiguió el aplauso de este pueblo.

Plácido se ha dado el gusto de invitar para su debut en la Isla a Ana María Martínez, «una soprano extraordinaria. Tendrán la oportunidad de disfrutar del arte de una artista que ha logrado llamar la atención del mundo sobre sí», enfatizó.

Ahora Domingo se muestra superrealizado por haber tomado la decisión de actuar de una vez para los cubanos. «No tengo 30, ni 40 años, y no podía darme el lujo de esperar más porque no sé cuánto tiempo podré cantar aún y a mi edad la vida puede estar llena de sorpresas… Ojalá el público quede satisfecho; si es así quiero regresar, porque deseo cantarle a toda La Habana», anunció este hombre de voz iluminada, sencillo y afable, que ha venido escoltado por esposa, hijos y nietos, con quienes ha querido compartir los muchos afectos que en estos momentos él recoge a cada paso, pero que empezaron a abonar aquellos que no solo le dieron la vida, sino que le colocaron el arte por siempre en su alma.

Ese arte en mayúsculas que el sábado inundará no únicamente la sala García Lorca sino que, por medio de pantallas ubicadas en las afueras, se extenderá hasta el infinito. Y el público comprobará que la emoción lo hará más grande, porque de pronto, como afirmara el notable escritor Miguel Barnet, Plácido Domingo habrá dejado de ser una leyenda, una utopía, para entregársele en carne, hueso y voz iluminada. «Tú eres un paradigma, un ejemplo. Que estés en Cuba es una fiesta innombrable. ¡Gracias, Plácido!».

tomado de juventud rebelde

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